Un poco de decluttering

Un poco de decluttering
Ilustración de líneas irregulares formando un gradiente de colores en amarillo, naranja, rosa y azul - Procedural Art utilizando p5.js - Elena Torró, 2025

El día 1 de Enero de 2026 ordené mi despacho. Tenía una cajonera totalmente entrópica donde reinaba el caos, objetos distribuidos en el suelo porque no sabía dónde ponerlos y un par de estanterías que solo de mirarlas me daban ansiedad. Con cero unidades de ganas de salir de casa, me dispuse a vaciar y ordenar este cuarto, donde paso mucho tiempo, sobre todo, escribiendo, porque como me dijo alguien a quien quiero mucho: mens sana in camara sana.

No soy una persona especialmente ordenada ni organizada (esto depende de a qué miembro de mi familia le preguntes), pero creo que tengo un buen balance entre el orden y el uso, es decir: me gusta tener las cosas ordenadas pero me gusta habitar en espacios vivos, no de exposición.

Al contrario de lo que dice el famoso Método Konmari, me gusta ordenar poco a poco y no de golpe, porque es imposible que en un espacio vivo no exista un mínimo nivel de caos. Sin embargo, sí que me molesta el ruido, ese ruido subyacente que no me deja pensar, que se te sube a los hombros como un mensaje sin contestar desde hace tres días o la ropa de la lavadora que ya ha terminado y que espera a que la tiendas. Por eso me gusta practicar un decluttering selectivo y asumible, cuando hay algo que ya me pesa demasiado, ya sea en el mundo físico o en el virtual. No hay nada como dejar la bandeja de entrada de correo a cero.

Lo siguiente que me pesaba eran algunas de las suscripciones que tenía. A finales de año comencé a usar algunos servicios que se unen a este microgasto constante mediante suscripciones del que apenas nos damos cuenta. Estos servicios son principalmente para el hosting y otras herramientas de algunos proyectos en los que estoy metida, como esta newsletter, y también la nueva web de Droids&Druids, droidsanddruids.com, en la que a partir de ahora publicamos contenido semanal y había que montar toda la infraestructura desde cero. Esto es, desde luego, algo en lo que merece la pena invertir, porque son proyectos que le llenan a una el alma.

Sin embargo, había muchos otros que no, y estos son sobre todo suscripciones a plataformas digitales de streaming, contenido y similares. Ahora que ya ha terminado Stranger Things, era un buen momento de bajarme del carro de Netflix por un tiempo, por ejemplo. También cancelé mi suscripción a Amazon Prime (tengo todo lo que necesito en mi barrio), a Spotify, y ahora también a YouTube (que empecé a usar como alternativa a Spotify). Sé que hay muchos otros servicios, pero no estoy suscrita a la mayoría de los que existen hoy el día. Cuando una serie me interesa, me suscribo durante el tiempo que necesito para verla. Ahora mismo, la que planeo mantener durante los próximos meses como mínimo es Filmin. La realidad es que, si bien quiero seguir apoyando a artistas y creadores, no me siento cómoda haciéndolo según la plataforma (y, en muchas ocasiones, es la propia plataforma la que no trata bien a sus artistas).

Hay una abundancia de contenido difícil de clasificar, y el tiempo ya sabemos que es finito. Para películas y series tiene fácil solución a través del alquiler de las mismas, o como comentaba antes, suscribiéndose durante un determinado periodo de tiempo. Con los libros, por supuesto, no tengo tanto problema, aunque para la biblioteca digital estoy buscando un soporte físico donde guardar lo que tengo y que no dependa de una compañía o dispositivo. Por lo demás, sigo teniendo mi maravillosa estantería donde los libros van y vienen.

Pero, ¿qué hago con la música?

Tengo cierta nostalgia de la época en la que escuchaba álbumes en bucle una y otra vez. Quizá esta sea la razón por la que los artistas que más he escuchado estos últimos años son Ghost, Zoo o Bad Bunny (ella, ecléctica): porque escuchaba sus álbumes, de principio a fin. Estoy pensando en buscar una alternativa de almacenamiento físico y comprar álbumes digitales, y voy a confesar que la idea de tener un reproductor de CD's (o peor, un tocadiscos) está rondando mi cabeza en los últimos días. Sé muy bien que esta opción implica un gasto de material y espacio, pero quizá pueda hacer un uso consciente y disfrutar de la música de una manera más cercana, como hacía antes. Y reducir con esto, además, el uso de auriculares. Me apetece que la música forme parte del ambiente, y no una forma única de aislamiento.

Por último, también he hecho un decluttering de proyectos. Por ejemplo, este año no estoy participando en el Genuary (tendré que ver de dónde saco las miniaturas para la newsletter cuando se me acaben las ilustraciones que hice el año pasado), estoy priorizando un tipo de deporte por encima de otro (hay competiciones de por medio) y, como siempre, estoy dejando espacio a la improvisación.

Recomendaciones

  • AMIGO INTERNET: Toda una serie de episodios del programa Ciberlocutorio dedicados a Internet que he escuchado estas vacaciones, y que describen muy bien la sociedad digital y la figura de Internet en la actualidad
  • Planeta, de Ana Oncina. Una historia de ciencia ficción breve, cozy y un poquito triste.