Los colores del río Lete

Los colores del río Lete
Patrones florales en tonos pastel, p5.js - Elena Torró, 2025

En catábasis, la última novela de R.F. Kuang, la protagonista, Alice, piensa lo siguiente en su recorrido por el infierno, conforme se acerca al río Lete [1]:

Alice se acercó más, embelesada. De niña había aprendido que el blanco era todos los colores concentrados en uno, y le había resultado increíblemente injusto que nadie pudiera ver arcoíris por todas partes sino que los débiles ojos mortales solo percibieran una luz plana. El Lete parecía constituir el caso contrario: era todo oscuridad. No obstante, en cuanto fijaba la mirada en cualquier punto en concreto, comenzaba a definirse hasta que uno podía apreciar que lo que parecían láminas de obsidiana eran en realidad oleadas de color, y que esas olas de color formaban recuerdos.

Esto me hizo pensar que el color es recuerdo, es información. Quizá por esto ha habido tanta controversia con el color del año 2026 elegido por Pantone.

El primer párrafo de la Wikipedia sobre el color dice lo siguiente:

El color es la impresión producida por un tono de luz en los órganos visuales, o más concretamente, es una percepción visual que se genera en el cerebro, —específicamente en el lóbulo occipital, corteza visual— de los humanos y otros animales al interpretar las señales nerviosas que le envían los fotorreceptores en la retina del ojo, que a su vez interpretan y distinguen las distintas longitudes de onda que captan de la parte visible del espectro electromagnético.

Para representar el color en una superficie, los seres humanos hemos creado la pintura, y también las pantallas que, precisamente, se valen de la luz para “pintar” los colores. Por ejemplo, el modelo RGB (red - rojo, green - verde, blue - azul) es una representación de síntesis aditiva: o sea, poner las cosas una encima de la otra. En este caso, los colores primarios que llevan su nombre.

Esto no significa que siempre veamos lo mismo para un mismo valor de RGB, ya que esto dependerá de la luz del dispositivo y de cómo se interprete el modelo. Por supuesto, si luego quieres imprimir la representación gráfica, estos colores cambiarán al estar impresos sobre el papel, y se percibirán de forma distinta. Por cada uno de los colores primarios, hay un total de 256 valores posibles (desde el 0 hasta el 255), y estos valores representan la “cantidad” de cada uno de estos colores. Así que el color rojo primario será (255, 0, 0): tiene la cantidad máxima de rojo y ninguna de verde y azul. El naranja, por ejemplo, es (255, 165, 0). Esto quiere decir que hay un total de 256^3 colores distintos que se pueden representar con el modelo RGB. 16.777.216 colores.

El modelo RGB también se puede escribir en valores hexadecimales, convirtiendo los números decimales RGB a su equivalente en base 16, que es más cortito. La web de esta newsletter está, a propósito, llena de color. No tiene un fondo blanco, sino amarillento (#FFF8E6). El color de los links y los botones es morado (#5E09E8). Las miniaturas de las imágenes son diseños coloridos que voy creando a lo largo de los meses, que no siguen ningún tipo de patrón más allá de los límites de mi capacidad de creación —a veces es difícil encontrar nuevas ideas o probar técnicas diferentes— y le dan ese toque caótico que a mí, personalmente, tanto me gusta.

No entiendo mucho de diseño, moda o arte, y quizá por eso me atrae tanto la representación pictórica de las cosas en distintos ámbitos, como una newsletter, una ilustración o un outfit.

Vestir con colores puede ser arriesgado. Hace bastantes años mi armario se componía de prendas cuyo espectro cromático era muy austero: la mayoría era negra, y la combinaba con el blanco y el gris. Como mucho, estaba el azul de los vaqueros. Era fácil elegir qué ponerse porque todo combinaba. Un fondo de armario, un armario cápsula, sobrio y elegante. Neutral y desapercibido. Me sentía cómoda y segura. Sin embargo, dentro de este refugio aséptico, se debatía una lucha interna entre querer sentirme bien conmigo misma y, al mismo tiempo, expresarme de cara al mundo. Porque la moda también es expresión, es cultura y es política.

Por eso hace años que tomé la decisión de ir incorporando, poco a poco, ropa colorida a mi armario. Tuve la suerte de que mi abuela es un referente en cuanto a combinatoria cromática: se compra telas de estampados y colores vibrantes para coserse sus propios vestidos, y los combina con accesorios que, salta a la vista, nunca estuvieron destinados a estar juntos. Y sin embargo, lejos de resultar hortera, le queda increíble. Es parte de su personalidad. No se ve todos los días una señora octogenaria con los labios rojos, un vestido azul y unos tacones rosas.

Al mismo tiempo, no me gusta la sensación de tener un armario lleno de cosas que luego no voy a ponerme, así que siempre intento comprar de manera consciente y toda mi ropa de vestir, incluyendo ropa de deporte y pijamas, de verano e invierno, y el traje de huertana, cabe en un único armario relativamente pequeño y en una kallax de cuatro cubículos. Excepto los abrigos, que van en otro sitio porque abultan mucho.

También me gustan los motivos geométricos en todas sus formas, así que si hay alguna prenda con líneas, cuadrados o patrones, es muy probable que me llame más la atención. Resulta que luego es más fácil de combinar de lo que parece, además de que produce una agradable sensación cambiar el color theme de un día para otro, según te sientes o según te quieres sentir. Por lo general, estas prendas no suelen estar en las cadenas genéricas y hay algo de emocionante en buscar tiendas más pequeñas y poco conocidas, que se atreven a hacer ropa un poquito diferente.

Como comentaba al principio, Pantone publicó que el color del 2026 era una suerte de blanco roto neutral y anestesiado [2]. Esto es lo que dice la web de la empresa Pantone, que ha capitalizado el propio concepto de color y lo ha convertido en su marca [3]:

¿Por qué son importantes los estándares de color?
El color de una marca es fundamental para su identidad: crea asociaciones y expectativas, evoca imágenes mentales y recuerdos. Los estudios demuestran que un color adecuado puede aumentar el reconocimiento de una marca hasta en un 87%.
En el desarrollo de producto, elegir el color adecuado es un factor diferenciador para captar la atención. También es el elemento de diseño más importante para reflejar el estado de ánimo y el estilo. El color adecuado puede vender productos e ideas con una eficacia entre un 50% y un 85% superior.
Sin embargo, elegir el color adecuado es solo el principio. Mantener la consistencia del color presenta múltiples desafíos que se pueden resolver mediante los sistemas de color Pantone.

El color que Pantone escogió es un color blanco crudo llamado “Cloud Dancer”, que definió del siguiente modo:

PANTONE 11-4201 Cloud Dancer, un blanco sublime que sirve como símbolo de influencia calmante en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión calmada. PANTONE 11-4201 Cloud Dancer, un blanco ondulante impregnado de serenidad, fomenta la verdadera relajación y la concentración, permitiendo que la mente divague y la creatividad respire, dando espacio a la innovación.

Es desde luego chocante que el color referente en un mundo lleno de conflictos sea el que se suele asociar a la paz y a la calma. Además, han surgido una serie de reflexiones que relacionan esa elección y la moda del “clean look”, esta sobriedad anestésica, con el auge de la extrema derecha. No cuesta mucho ver este patrón cuando abres el feed de instagram. O cuando los discursos más conservadores asocian especialmente el “pelo de colores” —y también la ropa, pero sobre todo el pelo— con lo woke, como algo negativo de lo que hay que alejarse.

La idea de una cara lavada, el pelo perfectamente peinado y recogido, un look de colores apagados y accesorios casi imperceptibles son la combinación perfecta para no ser vistas, ocupar menos espacio, pasar desapercibidas, ser recatadas, controladas. [4]
La nueva moda aboga por una imagen de elegancia separada de la expresión del arte. Y esto hace que las mujeres vuelvan a tratar de pasar desapercibidas y ocupar una posición cuanto menos sumisa. [5]

Por otro lado, mientras que puede dar la sensación de que ese clean look es más cercano a la belleza natural, a lo real y no a lo artificial, este argumento es una de las grandes falacias del discurso. El clean look puede requerir del mismo esfuerzo que cualquier otro look, aunque pase más desapercibido. O incluso más, porque no se trata de ser natural, sino de parecerlo. Lo natural no implica carencia de mantenimiento y, al mismo tiempo, emplear esfuerzo tampoco tiene que ser algo negativo. Esto no significa que no existan grandes villanos que se identifiquen con el uso de un amplio espectro cromático, como Willy Wonka o Agatha Ruiz de la Prada. Ni tampoco que haya tendencias, como la colorimetría, que por un lado te empujan a usar colores que te favorecen y al mismo tiempo te limitan a que no uses los que no.

Zapatillas vans - estilo mondrian - 25/01/2026

En cualquier caso, toda esta newsletter en realidad gira en torno al hecho de que cada vez me gusta más utilizar colores que me sacan del confort del blanco y negro, y que me sirven para expresar si me apetece salir de fiesta o si necesito que me den un abrazo. Me gusta crear recuerdos a través de los colores y no limitarme por la tendencia, el esfuerzo o el color que me pega.