Lo viejo funciona, Juan

Lo viejo funciona, Juan
Ilustración formada por cuadrados de colores alternados con cuadrados negros, captura de pantalla del output de una query de ClickHouse en un terminal - Elena Torró, 2025

Sobre nostalgia, avance tecnológico y el equilibrio de abrazar lo antiguo y lo nuevo

Página 41 del cómic "El Eternauta", Planeta Cómic

En el año 2025, Netflix estrenó la serie de televisión “El Eternauta”, una adaptación del cómic del mismo nombre, creado por Héctor Germán Oesterheld e ilustrado por Francisco Solano López. Este cómic se publicó en 1957, y narra una serie de sucesos apocalípticos que comienzan con un apagón a nivel mundial al que le sigue una suerte de nieve letal, desde el punto de vista de un grupo de amigos de Buenos Aires que intentan sobrevivir.

Este cómic es todo un referente de la ciencia ficción y es considerada una de las obras más importantes de Argentina, habiendo obtenido un premio Eisner a “Mejor colección o proyecto de archivo de tiras de prensa”, además de varias nominaciones [1]. Oesterheld dijo que “El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano”, uno de los aspectos más destacados de su historia [2], y es que El Eternauta tiene un transfondo político que, si bien es fruto de la situación del país durante su publicación, también puede tener diversas lecturas que están muy presentes en la actualidad.

Ricardo Darín interpretando a Juan Salvo en "El Eternauta", Netflix

En concreto, una frase pronunciada por Favalli, uno de los personajes protagonistas de la serie, azuzó Internet: “Lo viejo funciona, Juan”. Favalli, interpretado por César Troncoso, está en su antiguo coche junto a su amigo Juan Salvo , interpretado por Ricardo Darín. Tras el apagón, no hay electricidad y no disponen apenas de medios para comunicarse. En medio de todo este caos, Favalli consigue hacer funcionar el coche porque es un coche antiguo, y los mecanismos que usa son lo suficientemente básicos para estar fuera del alcance del apagón tecnológico.

Esta frase se transformó en un icono (al menos, durante el tiempo que duró su viralización) por lo que a día de hoy representa una resistencia ante la dependencia tecnológica y un sentimiento de nostalgia por lo analógico y lo tangible. En medio del agujero negro digital que sigue creciendo y engulléndonos, surge una chispa de esperanza que nos ayuda a aferrarnos a ese sentimiento colectivo en el que lo que nos sujeta, en el fondo, es lo de siempre: lo básico, lo sencillo, lo funcional. En el apagón del 28 de abril de 2025 en España, lo viejo acudió al rescate: nos valimos de la radio, las linternas con dinamo, los libros físicos, el dinero en efectivo. Y ahora que los coches se preparan para volver a incluir botones físicos que fueron reemplazados por pantallas táctiles [3], podemos guardarnos esta frase para cuando volvamos a hacer ese click que tanto gustito nos da en ellos.

Sin embargo, aferrarse a lo antiguo tampoco es agradable, ni tampoco la mejor opción. Ir hacia adelante no es solo inevitable, sino necesario. Por mucho que nos guste cambiar de marcha al conducir (mi coche sigue siendo manual), es innegable que los coches automáticos son más cómodos y más seguros. Aunque esto, por supuesto, tiene matices.

El rechazo a lo novedoso no proviene de la negación de lo nuevo por ser nuevo, sino por el modo en el que lo nuevo nos llega. Esa actualización que nadie ha pedido y que nos ha tocado lo que ya iba bien. Cuando te lo imponen. Cuando su coste no es asumible y hace daño a otros. Cuando te lo meten con calzador. Cuando te tiran a los leones y te toca aprender a sobrevivir, apañándotelas con lo que tengas. La imposición de lo nuevo no nos llega a todos por igual, porque no tiene en cuenta el privilegio del individuo.

Este cómic, “viejo”, de 1957, ha “funcionado” en Netflix, porque como dice Favalli, lo viejo funciona. Sin embargo, no exentos de polémica, han confesado utilizar inteligencia artificial generativa para algunos efectos visuales de la serie, como los empleados para el derrumbe de un edificio [4]. Parece que para esto lo viejo no les ha funcionado.

La cantante Zahara sentada en una silla junto a su guitarra

La semana pasada fui a un concierto de Zahara, de su gira de conciertos acústicos, en el Teatro Circo de Murcia. En el repertorio había canciones viejas y nuevas, y todas funcionan a su manera, unas por su valor nostálgico pero también por la manera de reinventarse, otras por el azote de realidad actual. Uno de mis momentos favoritos fue cuando sacó un omnichord vintage: un instrumento de los 80 (ella contó que lo había encontrado en una casa antigua) y que ahora estaba incluyendo en algunas canciones.

Vídeo que muestra el omnichord en acción

Vídeo sobre la historia del omnichord y otras curiosidades

Por otro lado, mientras los smartphones que llevamos en el bolsillo hacen unas fotografías que superan en calidad y en facilidad de uso al resto de cámaras, el año pasado empecé a utilizar más una vieja cámara réflex que tengo por casa, y también me compré una cámara digital Kodak resistente al agua para llevármela a alguna travesía con la tabla de paddle surf.

La réflex (una Canon EOS100D) la compré un poco después de volver de mi estancia de Erasmus en Salzburgo, donde me apunté a una asignatura de fotografía (no me convalidaba créditos pero me apunté igual) y la Kodak (Pixpro WPZ2, de color amarillo) me la compré este mismo verano.

No soy la persona más hábil del mundo y todavía no atino bien a encontrar la configuración correcta o el ángulo apropiado, pero esto es un hobbie y no me apetece ponerme perfeccionista. He sacado varias fotos con estas cámaras que podría haber hecho mucho mejor con la cámara del iPhone, pero no me habría hecho tanta ilusión.

Como nota totalmente irrelevante, a raíz de estas fotos tengo la necesidad de escribir una historia con ovejitas que te miran fijamente. Quizá suene un omnichord de fondo.

Bibliografía